La CIA con chilaba o una matrioshka​​ de mentiras

En la noche del viernes 22 de marzo de 2024 un comando terrorista atentó en una sala de conciertos ubicada en Krasnogorsk (Rusia), localidad a las afueras de Moscú. El ataque de los terroristas comenzó poco antes de un concierto, disparando armas de fuego contra la multitud. Tras la estampida del público, los terroristas se movieron por el complejo, disparando contra más víctimas, degollando heridos y provocaron incendios. El balance final fue de 144 muertos y más de 500 heridos.

El atentado terrorista fue reivindicado por el grupo Estado Islámico – Provincia de Jorasán (ISKP en inglés). Se trata de la rama centroasiática de la organización que se hizo célebre en 2014 por proclamar el establecimiento de un califato islámico en el territorio que controlaban en Siria e Iraq, además de alcanzar notoriedad por su crueldad y brutalidad.

La Agencia de Noticias Amaq, el órgano de comunicación pública del Estado Islámico publicó el día 23 de marzo fotos del comando terrorista antes del atentado, además de un vídeo grabado durante el ataque en el que se ve el asesinato de personas y en el que se hacen proclamas religiosas.

Días más tarde, fue la Fundación Al-Azaim para la Producción de Medios y Comunicación, el órgano informativo del Estado Islámico – Provincia de Jorasán, la que reivindicó el atentado en un comunicado de 30 páginas en idioma pastún. En el comunicado se afirma que el atentado fue una venganza por la muerte de miembros del Estado Islámico en ataques rusos en Siria.

Mientras tanto, las autoridades rusas culparon del atentado a las autoridades ucranianas. Tanto el presidente Vladimir Putin como Alexander Bortnikov, jefe del Servicio Federal Seguridad, culparon a Ucrania. Bortknikov, además, vinculó el atentado a las agencias de inteligencia occidentales. Afirmó, según recogió la BBC,: “Creemos que la acción fue preparada por los propios islamistas radicales y, obviamente, facilitada por los servicios especiales occidentales” y “Los servicios especiales de Ucrania tienen una conexión directa con esto”.

La confusión y el caos provocado por el atentado fue acompañado con informaciones erróneas. Se informó de una furgoneta con matrícula ucraniana en la proximidad de la sala de conciertos que resultó había sido identificada erróneamente, siendo en realidad bielorrusa. También se informó de que el comando terrorista había huido tras el atentado en dirección a la frontera de Ucrania, pero en realidad se dirigieron hacia la frontera de Bielorrusia. El propio presidente Aleksander Lukashenko afirmó que la existencia de un dispositivo de seguridad en la frontera de su país alteró los planes del comando terrorista. Más allá de la información errónea del primer momento, el atentado terrorista se vio rodeado por bulos y desinformación.

Una mentira sobre la mentira.

A los pocos días del atentado, el escritor Juan Manuel de Prada publicó en el diario madrileño ABC un artículo de opinión titulado “Sometidos a la mentira” donde dedica varios párrafos a la mentira como herramienta de control social. Y donde afirma que en un mundo donde se difunden los “infundios más chirriantes” o los “bulos más descarados y rocambolescos” pone de ejemplo que se afirme que el atentado terrorista en Moscú ha sido perpetrado por el Estado Islámico. Juan Manuel de Prada se muestra perplejo de que se afirme que el Estado Islámico es una “organización musulmana” porque según él es en realidad no es más que “la CIA con chilaba”, algo que ha “reconocido sin ambages algún mandatario yanki”.

El Estado Islámico surgió en 2006 como una alianza de organizaciones insurgentes que luchaban contra la ocupación estadounidense de Iraq. Una alianza impulsada por Al Qaeda en Iraq (AQI), que pretendía unificar a los grupos insurgentes sunníes y presentarse como parte de una organización netamente iraquí y no como la rama de una organización extranjera. Al fin y al cabo, el primer líder de AQI fue un jordano y el segundo un egipcio. La insurgencia yihadista en Iraq contó con una retaguardia en Siria, país que se convirtió en pasarela de los voluntarios extranjeros. El estallido de la guerra civil allí, con el vacío de poder en la parte oriental del país, junto al debilitamiento de las estructuras de seguridad iraquíes tras la retirada de las tropas estadounidenses en 2011, fortaleció al Estado Islámico que estableció el control de un territorio entre Siria e Iraq. La organización pasó así a ser el Estado Islámico de Iraq y Al Sham (Levante en árabe), conociéndose como ISIS por sus siglas en inglés.

La idea de que el Estado Islámico había sido creado por Estados Unidos surgió como teoría de la conspiración cuando otros actores externos entraron en acción, decididos a deslegitimar el papel de Estados Unidos en Oriente Medio. Podemos ver cómo el bulo de que un vídeo mostraba una caravana del Estado Islámico escoltada por helicópteros AH-64 Apache estadounidense, que en realidad muestra una caravana de todoterrenos sin marcas y un helicóptero de diseño soviético Mil Mi-24, apareció en RT (medio público de Rusia), HispanTV (medio público de Irán) y Al Manar (medio de Hezbolá en Líbano). Justo los tres actores aliados y parte de un bando de la guerra.

La teoría de la conspiración, además, pretendía explicar de cómo había aparecido ISIS de la nada, cuando en realidad era una organización que no había parado de evolucionar desde sus primeros atentados en Bagdad en agosto de 2003. Simplemente, la atención mundial había estado centrada en Ucrania durante la primera mitad de 2014. Cuando ISIS tomó Mosul en junio y su líder se proclamó califa en julio pilló al mundo por sorpresa.

Un meme oportuno.

Juan Manuel de Prada nunca ha ocultado su simpatía por Rusia (véase desde  “La Esperanza Rusa” en 2015 a su justificación de la invasión rusa de Ucrania en “La otra guerra de Ucrania” en febrero de 2022). Podemos entender que sus simpatías por Rusia le llevaron a dar por buena la versión del Kremlin sobre los atentados. Así que, en esa lógica, en el diario ABC se limitó a repetir la narrativa oficial rusa sobre los atentados del día 22 de marzo, que inciden a su vez en narrativas difundidas ya años atrás, durante las fases más intensas de la guerra civil de Siria.

La frase “CIA con chilaba” alcanzó la categoría de meme graciosos y reproducible que tuvo recorrido en las redes sociales, recibiendo ecos desde ambos extremos del eje ideológico. Destacan entre los usuarios de la red social X (antes Twitter) la difusión dada al concepto por  Carlos Montañés, Guillermo Rocafort, Francisco Arnau y el medio Canal Red. Este último reprodujo en su página web frases enteras: “Juan Manuel de Prada dice en ‘ABC’ que el ISIS es “la CIA con chilaba””. El artículo o bien su referencia en Canal Red saltó a canales de Telegram como el del periodista Victor Ternovsky, “Lo que pasa en Ucrania”, “El Ojo”, “InfoDefenseESPAÑOL”, “Irina”, “Albatrops”… En algunos casos unos canales referencian a los otros, produciendo la habitual cámara de eco. Por el camino Juan Manuel de Prada es citado como “periodista” o la atención se traslada del autor al periódico: “En un periódico español niegan que ISIS atentara en Moscú”. En ambos casos, se trata de presentar lo que es una opinión muy particular en información periodística.

La publicación del artículo en ABC coincidió en el tiempo con el esfuerzo ruso de relacionar a Estados Unidos y el Estado Islámico. El mismo día que aparecía en el ABC el artículo del escritor Juan Manuel de Prada, la cancillería rusa difundía el artículo “Joe Biden, valedor del Estado Islámico”, firmado por María Zajárova, portavoz del gobierno ruso, que había aparecido originalmente en el diario Komsomólskaya Pravda.  En Internet, el meme de la “CIA con chilaba” se conectó con las declaraciones de María Zajárova.

Cătălin Gomboș y Marin Gherman recogen en el portal rumano Veridica cómo las teorías de la participación occidental en el atentado de Moscú aparecieron a las pocas horas en distintos canales de Telegram de medios o personalidades rusas, cuando ni siquiera la investigación oficial había dado los primeros pasos. Y señalan varias de las razones por las que Rusia habría presentado a Occidente como responsable: 1) Desviar la atención de los fallos de inteligencia del aparato de seguridad del país 2) Desviar la atención de que la Rusia de Putin ha fallado en proporcionar seguridad a la ciudadanía, uno de los pilares básicos del régimen 3) Alimentar la narrativa de que la invasión de Ucrania es una guerra defensiva. Mientras que Ryan Bauer en The Cipher Briefseñala que la ofuscación de la autoría del atentado serviría al Kremlin para desviar la atención de una cuestión llamativa: las autoridades rusas habían sido advertidas por las estadounidenses del riesgo de un atentado, información que era de público conocimiento.

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