El concepto «meme» o «meme de Internet» ha pasado al acervo popular como un broma o chiste que tiene dos características aparentemente contradictorias: establece un cliché y a la vez es totalmente modificable y adaptable. Pero mientras su uso se extendía diversos autores advirtieron el potencial de los memes de Internet como herramienta de márketing político y arma de guerra psicológica. Lo explica Jesús M. Pérez Triana en este texto extraído del capítulo «La ‘otra’ guerra: La guerra de Ucrania en las redes sociales», publicado en La Guerra de Ucrania (II). De la conquista de Lugansk a la contraofensiva ucraniana de Beatriz Cózar Murillo y Guillem Colom Piella (eds.).
Originalmente, el concepto “meme” apareció como un neologismo acuñado por Richard Dawkins en su obra El gen egoísta (Dawkins, 1976:203-215). Dakwins propuso el “meme” como la unidad mínima de transmisión cultural a partir del trabajo e ideas previas del genetista Luigi Luca Cavalli-Sforza, el antropólogo Frank Theodore Cloak y el etólogo Jason Cullen. Las características fundamentales de los memes son la imitación y replicación. Ejemplos de memes serían desde tonadas y frases ingeniosas a la técnica de elaboración de vasijas o arcos, pasando por la moda de vestir (Dawkins, op. cit.:206). Su perspectiva es darwinista en lo social, por lo que pone especial énfasis en como sobreviven, se reproducen, se modifican y difunden los memes bajo los efectos de la selección natural para perdurar en el tiempo, incluso siglos.
El concepto propuesto por Dawkins tendría éxito y daría lugar en los años 80 al campo de estudio de la Memética. Sin embargo, el término “meme” tendría una nueva vida con la popularización del uso de Internet en los años 90. Posiblemente su primera aparición fue en un artículo de Mike Godwin en la revista Wired (1994), publicación de referencia entonces de la emergente cultura digital. En este nuevo contexto, un meme sería un elemento humorístico, desde un simple gesto a un vídeo, pasando por una frase o imagen, que se presta a ser modificado y replicado. Las características fundamentales de un meme de Internet son tener, por un lado, elementos que le hacen reconocible y por otro haber sido alterado, transformado y mezclado. El meme establece por tanto un juego de complicidad con el receptor al hacer referencia a ciertas claves compartidas, mientras se presta a ser modificado en infinitas variaciones. De hecho, muchos memes gráficos existen como plantilla que se presta a ser fácilmente modificada.
La siguiente evolución del fenómeno tendría lugar en el seno de la subcultura de Internet surgida en torno al foro 4chan, creado por Christopher Poole en 2003 para que aficionados al manga y el anime compartieran imágenes. Sin embargo, la total libertad brindada a los usuarios, la posibilidad de interactuar de forma anónima y la no retención de datos personales convirtió el sitio en un lugar donde los usuarios compartían desde imágenes pornográficas a bromas de carácter racista u homofóbico (Leoni, 2022: 57). 4chan se convirtió así en un lugar célebre por popularizar memes con un carácter irreverente y un sentido del humor autoparódico, en el que los usuarios se representaban a sí mismos como unos perdedores solitarios, con escasas habilidades sociales y sin pareja. Según el propio Christopher Poole, 4chan se convirtió en una “factoría de memes” (Poole, 2010).
El éxito de los memes de 4chan coincidió con la consagración en Estados Unidos de los valores de la izquierda posmoderna y su exaltación de la diversidad étnica y sexual pero también de la censura y la “cultura de la cancelación” como los valores de las grandes corporaciones mediáticas, la industria del entretenimiento y los gigantes tecnológicos californianos. Quedaba así completamente invertido el marco de valores de la contracultura de los 60. Ahora, la rebeldía contra los rígidos y asfixiantes valores dominantes buscaba un espacio en Internet y venía de la derecha (Nagle, 2017:29-37). Una idea que ha aterrizado en España bajo el concepto “derechita punk” (Alcaine, 2021)
Las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 serían el primer acontecimiento público relevante donde los memes tuvieron un papel destacado en la batalla política. En aquella elección, sólo dos de los cien periódicos de mayor circulación en Estados Unidos apoyaron al candidato republicano (Sillito, 2016). Trump se presentó a sí mismo como un candidato rebelde enfrentado al establishment y usó sus perfiles en las redes sociales Twitter y Facebook para lanzar mensajes de carácter “ofensivo o agresivo” que eran inmediatamente recogidos por los medios, alimentado así el ciclo informativo (Pilkington, 2016). El fenómeno de los memes como forma de expresión política se extendería rápidamente por todo el mundo, incluyendo España e Hispanoamérica (Moreno, 2020).
A pesar del carácter disruptivo que pareció tener la aparición de los memes de Internet en la vida política, el interés y concienciación sobre la relevancia de los memes y los memes de Internet en el campo de la guerra de la información y desde el punto de vista militar tiene largo recorrido. En 2006, el hoy coronel Michael B. Prosser señalaba que los memes “no eran componentes reconocidos o aceptados ni de las Operaciones de Información ni de las Comunicación Estratégica” pero que las operaciones militares generaban en sus operaciones memes de forma intencionada o no (Prosser, 2006: 3-4) y por tanto proponía la creación de unidades militares llamadas Centro de Guerra de Memes (Meme Warfare Center) subordinadas a los cuarteles generales de fuerzas de tareas conjuntas (Prosser, op. cit.: 10-13). Por su parte, el hoy comandante Brian J. Hancock proponía ya en 2010 los conceptos “guerra memética” y “operaciones meméticas” (Hancock, 2010: 43-45).
La preocupación de Prosser y Hancock por el concepto de los memes tenía entonces como contexto la lucha contras fuerzas yihadistas en la llamada entonces “guerra global contra el terrorismo” y contra enemigos que empleen estrategias no convencionales. La preocupación entonces era que los actores no estatales de entonces y potenciales enemigos de Estados Unidos del futuro usaran de forma imaginativa el potencial de los memes para ganar la batalla de las ideas y la información. Sin embargo, todavía el concepto de meme aparecía en su sentido más original y extenso.
Las lecciones sobre las campañas rusa de desinformación y el impacto de los memes de Internet en las campañas políticas en todo el planeta, más allá de la experiencia estadounidense de 2016, llevaría a la publicación de llamados a la acción para tomar en serio el concepto de “guerra memética” (Giesea, 2016; Schleupner, 2020) con la preocupación de su uso por parte rusa (Zolotukhin, 2016). El interés por los memes de Internet por su potencial como arma de agitación y desinformación también llegaría finalmente a las fuerzas armada españolas (Martínez, 2019; Suevos, 2020) al final de la pasada década.
Bibliografía.
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