El curioso caso de El Viejo Topo como nodo de desinformación rusa

El VIEJO TOPO es un caso peculiar de publicación que nació hace décadas como revista de izquierda para actualmente mantener una postura decididamente prorrusa en la guerra de Ucrania en una deriva ideológica hacia posiciones alejadas de la izquierda tradicional. Esa postura se ve reflejada tanto en la actividad en redes sociales como en el catálogo de publicaciones del sello editorial de la revista. En ambos casos vemos que esta postura prorrusa ha convertido a EL VIEJO TOPO en un nodo de desinformación por reproducir acríticamente narrativas e informaciones interesadas. Muchos de esos bulos son de manufactura rusa y refleja una convergencia ideológica entre personajes y grupos ubicados en los extremos del eje ideológico derecha-izquierda que ahora comparten posturas sobre conflictos como el de Ucrania y anteriormente Siria.

EL NACIMIENTO DE UNA REVISTA CONTRACULTURAL DE IZQUIERDA.

La revista EL VIEJO TOPO nació en Barcelona en el contexto de la efervescencia política y cultural de la Transición española. En aquel momento nacieron en aquella misma ciudad una pluralidad de publicaciones, como las revistas El Papus, Ajoblanco, El Jueves y Star, que probaron los límites en una España donde las libertades democráticas todavía no habían sido plenamente establecidas. Estas publicaciones transgresoras se enfrentaron al secuestro de ejemplares y ataques de la ultraderecha, con un atentado con bomba contra la revista El Papus, mientras buscaban la provocación o tocaban temas tabú para la sociedad española del momento.

En el caso de las revistas culturales Ajoblanco y EL VIEJO TOPO, su contenido editorial reflejaban las sensibilidades de la nueva izquierda antiautoritaria surgida de la eclosión social de Mayo de 1968 y en pleno estallido del punk europeo. Las dos revistas dieron voz a la llamada contracultura y a las reivindicaciones de nuevas corrientes dentro de la izquierda, como el feminismo, el antimilitarismo, el ecologismo, la antipsiquiatría y la lucha por los derechos LGTB, etc., mientras trataban prácticas de vida alternativa como las comunas, nuevas formas de vida en pareja o el consumo recreativo de drogas blandas. Así, por ejemplo, en el primer número de la revista EL VIEJO TOPO, publicado en octubre de 1976, encontramos artículos sobre la despenalización del cánnabis o sobre la revolucionaria soviética Alexandra Kolontái, pasando por artículo sobre los cineastas Carlos Saura y Marcos Ferreri.

Nº1 de EL VIEJO TOPO (octubre de 1976)

 

Entrada la década de los 80 y consolidada la democracia en España, la mayoría de las revistas transgresoras de la contracultura fueron cerrando. En el caso de las revistas culturales Ajoblanco y EL VIEJO TOPO cerraron, pero renacieron posteriormente. Ajoblanco vivió una segunda época entre 1987 y 1999. Mientras que la revista EL VIEJO TOPO arrancó una nueva época en 1993 que llega hasta la actualidad. Además de la revista, apareció un sello editorial EL VIEJO TOPO bajo el paraguas de la editorial Ediciones de Intervención Cultural.

En el comienzo de esta nueva etapa seguía existiendo una sensibilidad de izquierda. La revista abordaba autores y temas de pensamiento marxista, recogía diferentes luchas sociales, trataba el impacto de conflictos armados y seguía manteniendo su atención por el arte o la filosofía. En el caso de los libros encontramos que Ediciones de Intervención Cultural bajo el sello EL VIEJO TOPO publicaba a destacados pensadores comunistas españoles como Manuel Sacristán y Francisco Fernández Buey.

PRIMEROS ECOS DE NARRATIVAS RUSAS.

Un primer episodio donde las narrativas rusas sobre un conflicto armado recibieron el eco de EL VIEJO TOPO tuvo lugar con la publicación del libro Ubú en Kosovo, que aborda la intervención militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte contra la República Federal de Yugoslavia en 1999 y que fue publicado en 2002.

En 1999, tras años de guerras en los Balcanes, sólo las repúblicas de Serbia y Montenegro continuaban formando el último estado heredero de la República Federal Socialista de Yugoslavia. Una campaña insurgente de las fuerzas separatistas de etnia albanesa en la provincia autónoma serbia de Kosovo fue respondida por una dura campaña militar de las fuerzas gubernamentales bajo el liderazgo del presidente Slobodan Milošević, que años más tarde rendiría cuentas ante la Corte Penal Internacional. El éxodo masivo de la población albanokosovar entre las denuncias de la puesta en marcha de una campaña de limpieza étnica empujó a los gobiernos europeos a intervenir militarmente en el marco de la OTAN y bajo liderazgo estadounidense.

La intervención militar de la OTAN consistió en una campaña de bombardeos en el que no participaron fuerzas terrestres bajo la premisa de no arriesgar la vida de las tropas aliadas y la confianza en el avanzado armamento de precisión lanzado desde aviones. Los efectos no fueron los esperados de inmediato y la campaña se prolongó por 78 días. En ese tiempo circularon informaciones provenientes de Rusia, especialmente de una página web llamada “Venik’s Aviation Page”, que se suponía procedían de las fuerzas armadas yugoslavas que presentaban un panorama muy diferente a las informaciones oficiales de la OTAN. Las fuentes rusas hablaban de muchos aeronaves aliadas derribadas, incluyendo helicópteros cargados de comandos. También circuló un supuesto testimonio de pilotos de combate españoles que manifestaban su horror ante las órdenes recibidas de atacar civiles serbios indefensos. Algunos de aquellos textos, que tienen naturaleza de fabulación o leyenda urbana, terminaron en el libro Ubú en Kosovo.

La postura de EL VIEJO TOPO respecto al conflicto armado en Kosovo queda clara en los materiales promocionales de la obra. Se acusa a la OTAN de haber inventado una excusa para atacar Yugoslavia: «el supuesto genocidio sobre el que se basó la “comunidad internacional” para emprender aquella guerra ha resultado ser inexistente». Pero no se exonera «a Milosevic y su gobierno de su responsabilidad en relación a los crímenes de guerra llevados a cabo por las fuerzas serbias».

La guerra en Kosovo se convirtió en un punto de quiebre para cierta izquierda europea que proyectó en la Yugoslavia residual de Milošević las simpatías por el último vestigio del bloque comunista, ignorando su reconversión al ultranacionalismo para mantener su legitimidad política. Un fenómeno parecido al que años más tarde tendría lugar con el régimen “socialista árabe” de Bashar Al Ásad. En ambos casos, las simpatías vendrían desde ambos extremos del arco ideológico, produciendo una extraña síntesis ideológica que en Francia tendría su reflejo en la trayectoria de la Red Voltaire y en España aparecería también en la revista EL VIEJO TOPO.

UNA NUEVA SÍNTESIS POLÍTICA.

El extraño giro prorruso de El VIEJO TOPO de la última década no fue un salto en el vacío. Hubo por el medio un camino de autores e ideas que fue creando una nueva síntesis política.  El primer ejemplo lo encontramos en la figura del político y académico español Jorge Verstrynge, colaborador de la revista y autor de varios libros publicados por su editorial. Precisamente en la obra R: Rebeldes, revolucionarios y refractarios. Ensayo sobre la disidencia, publicado por El VIEJO TOPO en 2002, Jorge Verstrynge hace un recorrido por diversas corrientes europeas minoritarias como la Nueva Derecha franco-belga, que en plena Guerra Fría y desde posiciones que hoy identificaríamos como de ultraderecha, soñaba con una Europa fuerte desvinculada de la OTAN y aliada con el bloque comunista liderado por la Unión Soviética para crear una «Europa desde Lisboa a Vladivostok». La idea fue introducida en España por el propio Verstrynge en la obra El sueño eurosiberiano: ensayo sobre el futuro de Europa, escrita poco antes de la disolución de la Unión Soviética y publicada por la Universidad Complutense. La idea reaparecería en el nº194 de junio de 2004 de la revista El VIEJO TOPO en el artículo “Madrid-París-Berlín-Moscú”.

Verstrynge explica en R: Rebeldes, revolucionarios y refractarios que en el  XVIII Coloquio del Grupo de Investigación sobre la Civilización Europea (GRECE) de 1984 se consolidó una visión muy concreta de la realidad internacional (págs. 226-227): Un «Europeísmo que mira a Europa del Este y la antigua URSS», un «tercermundismo virulento», «un apoyo decidido tanto a los regímenes árabes socialistas e islámicos como a aquellos grupos que en el Tercer Mundo luchan por la independencia nacional» y «una “tercer vía” en lo económico» y «“rechazo total” al “actual sistema económico internacional”». Esas ideas serían punto de convergencia entre pensadores y grupos marxistas y neofascistas que compartirían en el siglo XXI posicionamiento sobre conflictos como las guerras de Ucrania, Siria y Gaza siempre desde el rechazo al papel de Estados Unidos, la OTAN o la Unión Europea en la arena internacional.

La convergencia ideológica quedaría reflejada en las publicaciones de la editorial EL VIEJO TOPO. Así encontramos dos años después de la invasión rusa de Ucrania la edición del libro Rusia en la larga duración, recopilación de ensayos del economista marxista Samir Amin. El libro presenta a Rusia, país que ha invadido un vecino para anexionarse territorio por la fuerza, como un país que ha emprendido un “combate” contra “el orden imperialista” (pág. 152), invirtiendo así el sentido de las acciones rusas. Samir Amin no sólo ignora la naturaleza de las acciones de la Rusia de Putin, sino que considera que este país representa un modelo de “Capitalismo de Estado” que abre “la vía para un eventual avance hacia la socialización democrática” (pág. 153). Este tipo de fantasías sobre el destino histórico de la Rusia de Putin sería inimaginable en la propia Rusia y reflejan más bien un intento de un marxista de la vieja escuela de justificar su postura.  

En el año 2018 el ex coordinador de IU Julio Anguita, el diputado de Unidos Podemos por Córdoba Manolo Monereo y el economista Héctor Illueca publicaron una carta en apoyo del gobierno italiano, una coalición encabezada por la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas. Aquel apoyo a medidas de un gobierno duramente criticado por la izquierda europea fue interpretado como el renacimiento de una nueva síntesis política bautizada como rojopardismo, abriéndose un debate desde distintas publicaciones. La propia revista El VIEJO TOPO se haría eco dedicándole un monográfico en su número 412 de mayo de 2022. En el momento de la publicación de la carta, El Diario.es informaba que Julio Anguita, Manolo Monereo, Jorge Verstrynge, María Dolores Nieto (concejal de Jaén en Común) Héctor Illueca y Miguel Riera (editor de Viejo Topo) formaban la Agrupación por la Tercera República (A3R). 

Culminada la nueva síntesis ideológica, los análisis y opiniones son intercambiables entre los extremos del arco ideológico. Así podemos encontrar que un colaborador de la revista EL VIEJO TOPO como Germán Gorraiz López lo mismo aparece como colaborador del portal HIspanTV, canal en español de la corporación radiotelevisiva pública iraní, que aparece de colaborador del think-tank ruso Katehon, calificado como de “extrema derecha” por el gobierno alemán. Y desde la propia revista, que nació como publicación de la izquierda alternativa y antiautoritaria, lo mismo se apoya a la Rusia de Putin que a la Siria de Bashar Al Ásad, tal como reflejaba la publicación de un saludo el 13 de febrero con la bandera del viejo régimen.

 

DESINFORMACIÓN EN NOMBRE DE LA LUCHA CONTRA LA DESINFORMACIÓN.

En el año 2016 la editorial EL VIEJO TOPO tradujo al español dos libros publicados originalmente en Bélgica por el medio Investig’Action, un portal de noticias y análisis dirigido por Michelle Colon. Se trata de un personaje que se presenta como estudioso de la desinformación procedente de los gobiernos occidentales pero que es conocido en el mundo francófono por su conspiracionismo. Se trata además de un colaborador de medios como el ruso RT o el medio multinacional hispanoamericano TeleSur. En el perfil que le dedica el portal francés Conspiracy Watch se señalaba que en su medio Investig’Action acoge a personajes de la ultraderecha.

Un repaso a las publicaciones del medio nos permite encontrar artículos reproduciendo teorías de la conspiración sobre el supuesto papel de Estados Unidos en el atentado terrorista en Moscú en marzo de 2024, una entrevista tras la invasión rusa a Ucrania de febrero de 2022 a un combatiente francés en las filas separatistas del Donbás o una entrevista al coronel retirado suizo Michel Midi, conocido experto prorruso que se presenta como militar “veterano de la OTAN” a pesar de que su país no pertenece a la organización.

 La publicación de los dos libros del medio belga Investi’Action marca una enorme distancia con las posturas mantenidas por EL VIEJO TOPO en 2002 a propósito de la publicación del libro Ubú en Kosovo, cuando la crítica al papel de la OTAN era acompañada de una mención de la existencia de crímenes de guerra cometidos por el bando contrario. Aquí ya no encontramos equidistancia en los conflictos, sino una toma de partido deliberada por difusores de teorías de la conspiración, bulos y desinformación.

Uno de los libros publicados en 2016 es Yihad Made in USA. La obra consiste en una larga entrevista del periodista belga Gréogire Lalieu al exdiplomático etíope Mohamed Hassan. Del autor de la entrevista, no encontramos más referencia que su pertenencia al “colectivo Investig’Action”. De hecho, Michel Collon alaba en el prefacio a Lalieu como un joven periodista que arrancó su carrera profesional en el medio que dirige.

En este libro, que supuestamente viene a dar una explicación certera a asuntos complejos, encontramos un prefacio firmado por Michel Collon donde se mencionan bulos y afirmaciones sin fundamento. Por ejemplo, en la página 14 se afirma que la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton dijo literalmente “Estados Unidos fue quien creó Al Qaeda” (pág. 14). Una afirmación que nunca existió, lo que no impidió a la proliferación de artículos y vídeos sosteniendo esa tesis. En realidad, hacen una interpretación torticera de la frase “we had helped to create the problem we’re now fighting”, dicha en una entrevista periodística realizada en la Embajada de Estados Unidos en Pakistán en 2010 y en la que se habló de la violencia de Afganistán.

Collon menciona también un supuesto “Plan Syriana” de la CIA, desvelado por Robert Baer (pág 16). En realidad, como explicó el propio Baer en la promoción de la película del mismo nombre, se trata de un término originado en think-tanks y es una forma genérica de referirse a un nuevo país que surgiría de los planes que trazan muchos expertos para redibujar las fronteras de Oriente Medio. Y sin embargo Collon defiende en un epígrafe de su prefacio que Yihad Made in USA es un libro que ayuda al lector “a liberar tus neuronas frente a las propagandas simplistas” (pág. 19).

El libro tiene formato de entrevista con un ligero bagaje bibliográfico, por lo que no se trata de un trabajo historiográfico o de una investigación periodística. Así que el grueso del libro son los análisis y opiniones de Mohamed Hassan. Entre ellos encontramos que culpa (p. 279) a las fuerzas rebeldes de Siria del ataque químico contra la población de Guta, un suburbio de Damasco controlado por la oposición. Todos los indicios apuntan a un ataque lanzado por fuerzas gubernamentales. Aparte de las afirmaciones tendenciosas y discutibles, hace argumentaciones que el tiempo han desvelado falaces. Por ejemplo, afirma que Estados Unidos no tenía en aquel entonces verdadero interés por derrotar al Estado Islámico (p. 287). Justo un año después de la publicación del libro, la capital del Estado Islámico fue capturada por fuerzas kurdas sirias con apoyo militar estadounidense. El acontecimiento marcaría el comienzo del fin para el efímero Califato y era la culminación de una campaña militar iniciada cuando Estados Unidos intervino para impedir la caída de la ciudad siria de Kobane en manos del Estado Islámico.

El otro libro publicado originalmente por Investi’Action en Bélgica es Rusofobia ¿Hacia una nueva Guerra Fría? del autor francés Robert Chavin. Curiosamente el título original en francés es “¿Debemos odiar a Rusia?” (Faut-il détester la Russie?) Pero los editores de EL VIEJO TOPO decidieron emplear el término “rusofobia”, que se popularizó en los medios oficiales rusos tras la invasión de Ucrania en 2014 para presentar el país como víctima y desacreditar a quienes critican el papel del país en la arena internacional.

Michel Collon también se encarga del prefacio de esta obra, donde cuenta que existe en marcha un plan para “diabolizar” Rusia. Entre la desinformación que se lanza contra Rusia estaría presentar al país como agresivo y expansionista (pág. 13). Evidentemente la afirmación suena risible tres años después de la segunda invasión rusa de Ucrania. Según Collon, no hay que prestar atención a las “opciones políticas y sociales” de Putin y el “sistema económico y social” de Rusia para centrar el debate siempre en Estados Unidos y sus aliados (pág. 15). Encontramos también tergiversaciones de los acontecimientos. Atribuye al comienzo de la crisis ucraniana de 2013 a “la negativa del presidente Yanukovich de firmar con la Unión Europea un acuerdo de libre comercio desfavorable, dado que este habría destruido una gran parte de las empresas ucranianas” (pág. 17). En realidad, el gobierno ucraniano de entonces dio marcha atrás de sus planes de firmar un tratado con la Unión Europea por las presiones de Rusia, su principal socio comercial, que lanzó un boicot económico en el verano de 2013.

El libro plantea un recorrido histórico que abarca todo el siglo XX. El interés del autor no se centra en las acciones de la Rusia contemporánea, sino que critica el tratamiento de la Unión Soviética durante la vieja Guerra Fría como parte de una histórica desconfianza occidental a Rusia. Dedica especial atención al poco reconocimiento occidental al papel de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial, asunto de gran orgullo histórico en la actual Rusia. Evidentemente el comienzo de la Guerra Fría llevó a no ensalzar al antiguo aliado, pero sin olvidar el papel de la Unión Soviética oprimiendo a los países de Europa del Este. Aquí, sin embargo, Robert Charvin muestra su contrariedad porque desde Occidente se recuerden las deportaciones en masa ordenadas por el régimen stalinista o que se denunciaran las violaciones de Derechos Humanos en la guerra de Chechenia (pág. 179). Nuevamente, las denuncias sobre el infundado alarmismo sobre las intenciones de Rusia respecto a sus países vecinos leídas en 2025, tres años después de la segunda invasión rusa de Ucrania, resultan risibles.

Dentro del catálogo de publicaciones de la editorial de EL VIEJO TOPO merece la pena detenerse en el libro Quiebras y pugnas del tablero político mundial, editado en 2022. El libro es obra del grupo de investigación académica Geopolitikaz y aparece coordinado por Gabirel Ezkurdia y Jon-Kortazar-Billelabeitia. Se trata de una obra colectiva, escrita en 2021. En ella encontramos una crítica a la Revolución del Euromaidán de 2014, una crítica a los argumentos humanitarios usados en la intervención de Kosovo en 1999 y un repaso a indicadores que señalarían «la decadencia interna de Estados Unidos». Por otro lado se estudia el progreso chino y el liderazgo ruso en tecnología nuclear, además de un estudio de conflictos como el de Yemen o Siria. Es decir, encontramos un discurso muy parecido al habitual de la revista El VIEJO TOPO donde se describe a un Occidente y sus aliados malvado y decadente frente a la pujanza de los países que lideran un nuevo orden mundial, con regímenes responsables de atrocidades, como el serbio de Slobodan Milošević o el sirio de Bashar Al Ásad, como herorica resistencia.  El libro aparece dedicado a «Pablo González», espía canjeado por Rusia en 2024 y al que MONITOR DISINFO dedicó sendos informes (parte 1 y parte 2). Pero sin duda la peripecia más significativa es que el libro fuera presentado en la televisión siria en 2022.


PROPAGANDA DE GUERRA AL SERVICIO DE RUSIA.

El Viejo Topo ha tomado un posicionamiento claramente prorruso desde la segunda invasión de Ucrania. Pero ya incluso antes podíamos encontrar artículos que reproducían las narrativas provenientes de Moscú. Así, días antes de la invasión en el artículo «Biden/Ucrania: ¿la cola meneando al perro?«, firmado por Carlos Fazio, se decía que Estados Unidos y sus socios de la OTAN «han venido manipulando e intoxicando a sus audiencias con el señuelo de una «invasión rusa a Ucrania»». Las advertencias hechas en aquel entonces de que se avecinaba una invasión eran parte, afirmaba Fazio, de una campaña de «demonización de Rusia», «propaganda geopolítica» y «guerra psicológica». 

Una vez empezada la invasión, el hecho no mereció una mínima condena. El primer artículo en la sección on-line Topo Express, firmado por Manolo Monereo el 26 de febrero de 2022, echaba las culpas a Estados Unidos del estallido de la guerra y señalaba a China como objetivo último de la Casa Blanca. La única mención al responsable directo de la guerra, el presidente Vladimir Putin, era para lamentar que fuera «criminalizado» en Occidente. El siguiente artículo, firmado por Claudio Katz el 5 de marzo de 2022 afirma en un epígrafe titulado «El principal responsable que «[h]ay abrumadoras pruebas de la responsabilidad primaria del imperialismo norteamericano en la tragedia de Ucrania». Nuevamente, el país agresor aparece presentado como la víctima.

Desde entonces, el tratamiento de la guerra ha asumido las narrativas del Kremlin, ignorando la realidad de la Rusia de Putin. Tenemos así la gran paradoja de una revista que nació en la España de la Transición para dar voz a la izquierda antiautoritaria pacifista y antimilitarista convertida en caja de resonancia de las narrativas de un régimen que ha vivido desde el comienzo de la invasión una deriva autoritaria de características filofascistas y en cuyos medios se hacen llamamientos a cometer atrocidades contra el pueblo ucraniano. Sin embargo, el único país bajo la lupa de EL VIEJO TOPO es Ucrania con artículos como «Ucrania: pozo negro de la corrupción» y «Ucrania: neonazismo y rusofobia«. Un tratamiento igualmente reservado para Estados Unidos y los países de la Unión Europea que estarían en una crisis profunda y al borde siempre del abismo con artículos como «Un imperio moribundo dirigido por gente mala» o «Alemania colapsa«.

Mientras tanto, vemos cómo se asumía el discurso ruso con artículos, como este de Eduardo Luque de julio de 2023, que denominaba a la guerra en curso en Ucrania como Operación Militar Especial, el eufemismo empleado por el Kremlin. Y se publican quejas de que en la prensa occidental se hable de Rusia como potencia agresora y responsable de la invasión de Ucrania con títulos como «Hemos abolido las neuronas«. Nuevamente cuando se anuncia que se quiere combatir la desinformación y la propaganda nos encontramos más dosis de desinformación y propaganda. El punto de vista rusa es completado en la sección Topo Express de la página web de la publicación con un desfile de colaboradores rusos, como el ideólogo euroasianista Aleksandr Dugin, o colaboradores de medios rusos como el periodista Ilia Tsukan o el analista Scott Ritter

La actividad editorial es solo una faceta de EL VIEJO TOPO. Recientemente relanzaba su canal de Youtube y se mantiene activo en la red social X (anteriormente Twitter). En esta última red vemos que EL VIEJO TOPO se limita, en lo tocante a Ucrania, a copiar y pegar informaciones provenientes de Rusia sin filtro alguno, contribuyendo a difundir bulos. Así, recientemente el perfil en X de EL VIEJO TOPO publicaba el mensaje:

Esa publicación incluía un vídeo donde se veían tropas rusas llegar a un edificio en Ucrania con una placa de la organización USAID en la fachada. Al lado, una placa en Ucrania permite leer “Centro de Prestación de Servicios Administrativos”. Se trata, por tanto, de un edificio público que fue financiado o dotado gracias a la ayuda de la agencia estadounidense. Algo que confirmaron las autoridades locales ucranianas, que aportan el dato de que fue colocada en 2021 tras la reapertura del edificio. 

En otros casos encontramos que EL VIEJO TOPO comparte enlaces a publicaciones de medios rusos, como es el caso de RT, para contribuir a difundir teorías infundadas o tratar de desacreditar las investigaciones sobre acciones de injerencias rusas. Por ejemplo, el caso del intento de envenenamiento del agente ruso Serguéi Skripal, donde directamente vemos que se copia y pegan enlaces a publicaciones de RT sin ni siquiera un comentario

Es el caso del derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, sucedido el 17 de julio de 2014 y sobre el que EL VIEJO TOPO hizo numerosas publicaciones en la red social X (antes Twitter) entre 2014 y 2015. Está demostrado la participación de un sistema antiaéreo Buk de las fuerzas armadas rusas, que cruzó la frontera y entró en territorio de Ucrania y tenemos una sentencia de la justicia neerlandesa al respecto. Pero encontramos publicaciones de EL VIEJO TOPO como «La investigación rusa obtiene pruebas de que el MH17 fue derribado por un avión de Kiev», una teoría desacreditada por el origen de la metralla que impactó el avión. Encontramos también una supuesta validación de la versión rusa desde Occidente: «Países Bajos confirma la versión rusa sobre el MH17«.

La realidad es que la justicia holandesa dictó dos cadenas perpetuas para dos ciudadanos rusos juzgados in absentia. Lo que reflejan este tipo de publicaciones es que quienes manejan el perfil de EL VIEJO TOPO no entienden las informaciones que comparten, desconociendo tanto el idioma ucraniano y las características del armamento que participa en la guerra, pero fundamentalmente careciendo de la voluntad de cotejar las informaciones que provienen de Rusia. Esa actitud de docilidad acrítica es lo que ha convertido a EL VIEJO TOPO en un nodo de desinformación rusa en español.

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