El auge de China como gran potencia llamada a jugar un papel fundamental en el orden internacional del siglo XXI viene acompañada de un creciente interés académico por el país, multiplicándose los cursos y seminarios así como los programas de intercambio. Pero, tratándose la República Popular de China un país gobernado por un régimen no democrático, este último demuestra sumo interés en influir en el mundo académico occidental. Esa acciones de influencia se han hecho evidente en diferentes países europeos y asume diversas formas, desde pagos encubiertos a protestas estudiantiles.
También se ha instalado un ambiente de autocensura académica allí donde existe dependencia económica de generaciones donaciones o de la presencia de un importante número de estudiantes chinos pagando matrículas académicas. Además la cooperación con instituciones académicas de la República Popular de China se convierte para las instituciones chinas en formas de acceso a conocimiento de uso militar o mediante los programas de prácticas a empresas de la industria aeroespacial o militar occidental.
La preocupación en otros países europeos ha motivado la elaboración de informes parlamentarios y ha destapado escándalos de corrupción académica. Es por tanto un asunto que debemos tener presente en España y en el mundo de habla hispana.
FRANCIA
En septiembre de 2021 un informe del Senado francés señaló que las injerencias chinas en el país no sólo se limitaban a intentos de obtener inteligencia económica, sino que sus actividades “afectaban a la libertad académica y la integridad científica”. El informe alertaba de los intentos de influencia china para introducir narrativas favorables a Pekín en el ámbito universitario pero también a los intentos de apropiación de conocimiento científico.
Según dos investigadores del Instituto de Investigación Estratégica de la Escuela Militar (IRSEM), Paul Charon y Jean-Baptiste Jeangène Vilmer, la injerencia china en las universidades francesas tiene como efecto “modificar el contenido del curso, materiales educativos o programación de eventos” en el campo de las ciencias sociales y humanas. Mientras que, señalaban también, la penetración china en las universidades francesas responde al objetivo del gobierno chino de dar un salto tecnológico en el ámbito militar dentro de lo que se llama la estrategia de “Fusión Cívico-Militar”. Para ello, señalan Charon y Vilmer, los agentes chinos recurren a medios “ilegales y encubiertos” tales como el “robo y espionaje”. Hay que tener en cuenta que en el año de publicación del informe del Senado francés, los estudiantes chinos eran la comunidad extranjera más numerosa en las aulas francesas, con 47.500 estudiantes.
El informe del Senado francés presenta un panorama de “investigadores bajo presión, creciente autocensura e instituciones bajo dependencia financiera”. Y es que la falta de recursos o de especialistas para poder implantar cursos y seminarios sobre China suele ser la puerta trasera que le permite a las instituciones chinas penetrar en las universidades europeas. Así, en enero de 2023, Christian Henriot se quejaba en el diario parisino Le Mondeque a pesar de la importancia a la que está llamada a jugar China en el siglo XXI el plantel de especialistas sobre China en el mundo universitario francés se había mantenido constante por largo tiempo y echaba de menos más recursos para que desde el mundo universitario francés se conociera mejor la realidad china.
El fenómeno no afecta únicamente a Francia. De hecho, durante las vistas parlamentarias previas a la publicación del informe se escuchó el testimonio de James Paterson, presidente del Comité Conjunto Parlamentario de Inteligencia y Seguridad (PJCIS) de Australia, que relató las medidas tomadas en su país para mitigar la influencia china en el ámbito universitario.
Un mes después de la publicación del informe del Senado francés fue el turno del IRSEM para publicar su propio informe: Las Operaciones de Influencia de China. El informe trata el asunto de forma general, pero incluye un apartado sobre el mundo universitario francés donde se mencionan las distintas formas de influencia china:
“E]n primer lugar, a través de las universidades, que son uno de los principales objetivos de los esfuerzos de influencia del Partido. Sus principales palancas son la dependencia financiera, generando autocensura en los establecimientos afectados; vigilancia e intimidación de estudiantes chinos en campus extranjeros, pero también profesores y administradores universitarios, para modificar el contenido de los cursos, los materiales educativos o la programación de eventos; y la configuración de los estudios chinos, incitando a la autocensura y castigando a los investigadores críticos.
El Partido-Estado también utiliza las universidades para adquirir conocimientos y tecnología, a través de medios legales y no encubiertos, como programas conjuntos de investigación, o medios ilegales y encubiertos como robo y espionaje. En un contexto de fusión cívico-militar, algunos programas conjuntos o investigadores que ocupan puestos en docenas de universidades occidentales están ayudando sin saberlo a Beijing a construir armas de destrucción masiva o desarrollar tecnologías de vigilancia que se utilizarán para oprimirlas población china”.
Un caso práctico es la reciente iniciativa de la Universidad de Beihang de establecer un centro conjunto franco-chino con la red de centros de Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas francés (INSA). Según contaba Antoine Izambard en Intelligence Online el pasado mes de enero de 2025, el proyecto está bajo la lupa de la Dirección General de Seguridad Interior, ya que la Universidad de Beihang forma parte del grupo de siete universidades chinas muy conectadas con las fuerzas armadas del país. El proyecto de asociación no ha sido vetado por las autoridades francesas pero informa Intelligence Online que se sigue muy de cerca los contactos de los alumnos chinos con Grupo Airbus, Thales y Safran, empresas de los sectores aeroespacial y de la defensa. El objetivo chino sería obtener conocimiento de aquellas tecnologías de uso militar de las que todavía existe una brecha entra la industria china y occidental.
REINO UNIDO.
En septiembre de 2023 fue el Comité de Inteligencia y Seguridad del parlamento británico el que elaboró un informe sobre China,donde quedó reflejada la preocupación por las acciones de influencia en el mundo académico. Al igual que en el caso de Francia las preocupaciones se centran en dos campos. Por un lado, la influencia en instituciones académicas y en las narrativas manejadas en los debates sobre la República Popular de China. Por otro lado, en la capacidad de robar conocimiento de las investigaciones británicas y contribuir así al desarrollo de tecnologías de aplicación militar en China. El informe destaca la presencia extendida de estudiantes chinos en instituciones de investigación avanzada donde el conocimiento está menos protegido que en la empresa privada. Y alerta de la falta de medidas de protección, empezando por la falta de una lista de áreas de conocimiento de carácter sensible.
Meses más, el think-tank británico Civitas publicó un estudio sobre la dependencia financiera de las universidades británicas respecto a los fondos provenientes de China. De un total de 88 universidades, Civitas encontró que 46 de ellas habían recibido a partir de 2017 entre 122 y 156 millones de libras esterlinas. Y que en algunos casos esos fondos provenían de empresas como Huawei, a las que se había prohibido licitar a contratos de la infraestructura 5G del Reino Unido por razones de seguridad nacional. Tampoco conviene pasar por alto los vínculos de casi un tercio de las empresas chinas donantes con las fuerzas armadas de su país. Además, las matrículas abonadas por el grueso del alumnado procedente de China suponía un importantísimo porcentaje de los ingresos de las universidades británicas, ya que los estudiantes británicos pagan menos que los internacionales. La presencia de alumnos internacionales que pagan cantidades elevadas por las carreras más demandadas se ha convertido en una vía indirecta para financiar carreras deficitarias, señalaba Freddie Attenborough en The Critic.
Al año siguiente de la publicación del informe parlamentario, el gobierno británico reconocía lo poco que se había avanzado en la materia y que la dependencia de financiación extranjera que sufrían algunas universidades británicas suponía un problema. Los efectos prácticos de esa dependencia, denunciaba el político conservador Sir Ian Ducann Smith, consisten en el temor instalado en los centros académicos a tratar cuestiones de China que se salgan del discurso oficial. Esto había llevado a casos concretos de censura contra profesores denunciados por alumnos chinos, organizados en asociaciones creados en teoría para ayudar a su integración pero que en la práctica sirven de correa de transmisión del gobierno chino.
REPÚBLICA CHECA
En la República Checa, la Universidad Carolina de Praga creó en 2015 un centro de estudios sobre China bajo el nombre Centro Checho-Chino (Česko-čínské centrum Univerzity Karlovy). En paralelo, un destacado miembro del Centro de Políticas de Seguridad de esa misma universidad, Miloš Balabán, registró una empresa con el nombre de Centro de Políticas de Seguridad Sociedad Limitada para canalizar los pagos de la Embajada de China en la República Checa. Según el medio checo Aktuálně.cz, Balabán recibió a través de su empresa 47.000 euros por la organización de una serie de conferencias en 2018 y 2019 bajo los auspicios del Centro Checo-Chino. Las revelaciones de Aktuálně.cz fueron confirmados por un socio de Balabán, lo que generó un enorme escándalo en la Universidad Carolina al descubrirse la facturación paralela y el verdadero origen de los fondos bajo el que se organizaban los actos académicos en torno a China.
Otra de las actividades del centro académico especializado en China de la Universidad Carolina de Praga fue un curso impartido como créditos de libre elección sobre el ambicioso proyecto de “Nueva Ruta de la Seda”, conocido en China como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, conocido en inglés como la Belt and Road Initiative y también como One Belt, One Road (OBOR). El curso ofrecía, además, a los ocho estudiantes más destacados un viaje gratuito a China bajo la iniciativa “Puente al Futuro”. La asignatura era coimpartida por Miloš Balabán, que no sólo cobraba su sueldo de profesor de la Universidad Carolina, sino que facturaba a la Embajada de la República Popular de China en Praga 2.700 euros a través de la empresa.
Según detalla el portal ChinaObservers.eu, la actividad académica de Miloš Balabán había llamado la atención del Servicio de Información del Estado (BIS), el servicio de inteligencia checo, antes de fundar un centro especializado en China. Ya en su informe anual de 2013, el BIS lo señalaba como ejemplo de los esfuerzos de potencias extranjeras de influir en la opinión pública del país. Y es que, ya en los eventos académicos previos que organizaba en la Universidad Carolina, los expertos invitados se caracterizaban por criticar a Estados Unidos y pasar por alto cualquier tropelía de China y Rusia.
Una vez creado el centro chino de la Universidad Carolina, Balabán comenzó a realizar un evento anual en el que la mitad de los conferenciantes eran propuestos por la Embajada de la República Popular China en Praga mientras que los temas en torno a los que giraban los coloquios apoyaban las narrativas e intereses chinos.
Cuando la existencia de una compañía privada que imitaba el nombre de una institución académica y que era utilizada por profesores de la Universidad Carolina para cobrar de la Embajada de la República Popular China se hizo público, Miloš Balabán se vio obligado a dimitir de sus cargos académicos para poco tiempo después ser despedido de la Universidad Carolina. Pero como señala el portal ChinaObservers.eu, quedó la duda de cómo la creación del centro chino había sido autorizado y su funcionamiento no había recibido el debido escrutinio de las autoridades académicas de la Universidad Carolina.
Ivana Karásková planteaba en The Diplomat en febrero de 2020 que los centros académicos de Europa Central y Oriental especializados en China solían carecer de fondos, lo que creaba la oportunidad para que las autoridades chinas se ofrecieran para financiar centros y programas de estudios. Además, el flujo de estudiantes chinos ayuda a darle un perfil más internacional a las universidades y es una fuente de fondos vía el pago de matrículas, siendo un colectivo de estudiante poco problemático.
AUSTRALIA
Un informe de la Campaña Internacional por el Tibet de 2017 señalaba la creciente dependencia financiera de las universidades australianas del flujo de estudiantes chinos y donaciones procedente de relevantes donantes chinos, lo que generaba una “cultura de autocensura”. Así, asuntos relevantes de la historia del último siglo de China como la invasión del Tíbet, la masacre de la plaza de Tianamen y el status político de Taiwán quedaban fueron de los currículums académicos o eran presentados de una forma alineada con las narrativas chinas. En caso contrario el profesorado recibía presiones de las autoridades académicas o se convocaban actos de protestas protagonizados por los estudiantes chinos.
La falta de libertad académica en las universidades australianas fue objeto de un estudio de la organización Humans Right Watch que constataba la “cultura de autocensura” antes mencionada e iba más allá, al recoger el temor de los estudiantes chinos que se sentía “vigilados” y tenían mucho cuidado de expresar sus opiniones sinceras en público. Lo habitual era hacerlo de forma anónima en las redes sociales, pero se habían producido casos de perfiles investigados por las autoridades chinas que una vez identificaban al autor real lo exponían públicamente o lo perseguían judicialmente una vez de vuelta en China. Pero el acoso ha ido más allá de las redes sociales o la represión en la China continental, con contramanifestaciones donde estudiantes chinos progubernamentales llegaban a las manos contra estudiantes a favor de la democracia en Hong Kong o en contra de la represión a la minoría uygiur.
La versión del cónsul general de la República Popular China en Brisbane (Australia), que recogía la BBC en un reportaje sobre los enfrentamientos en los campus universitarios australianos, es que los alumnos chinos habían actuado de “forma patriótica espontáneamente”. No existían pruebas de que las contramanifestaciones fueran organizadas por las autoridades chinas pero siempre ha existido la sospecha que los estudiantes chinos en el extranjero participan voluntariamente en este tipo de actividades para mostrar su alineamiento con la línea oficial y evitar problemas con las autoridades. Mientras tanto, desde el gobierno australiano se recordaba que las actividades de los estudiantes progubernamentales chinos estaban amparadas por las leyes de derechos y libertades civiles locales.
El aterrizaje masivo de estudiantes universitarios chinos en programas de estudios universitarios que ayudan a sostener con el pago de matrículas es un fenómeno observado en España. Marcos García Rey describía en el diario español El Confidencial en 2018 cómo se había producido un efecto llamada en ciertas titulaciones de la Universidad Complutense de Madrid, como Comercio y Turismo, donde había un importante grupo de estudiantes chinos que no dominaban el español. Planteaba entonces García Rey que “a cambio de unos ingresos extra para paliar sus maltrechas cuentas, la universidad española acepta en programas académicos y otorga títulos oficiales a estudiantes chinos que no dominan el idioma a un nivel aceptable para seguir estudios superiores”. Los problemas que relata García Rey van desde la caída de la calidad de la enseñanza a intentos de soborno de alumnos para aprobar las asignaturas.
Recientemente Ignacio Cembrero recordaba en el diario español El Confidencial cómo unas jornadas culturales de Taiwán previstas para octubre de 2017 en la Universidad de Salamanca sobre Taiwán fueron canceladas tras presiones de la Embajada de la República Popular de China en España. Ahora que las universidades españolas crean nuevos cursos sobre la República Popular de China y programas de intercambio con universidades chinas habrá que estar vigilantes para que el pensamiento y conocimiento se mantenga libre en nuestras universidades.
El Embajador Yao Jing asistió a la conferencia «China: presente y futuro de su relación con España y UE» organizada por la Universidad de San Pablo CEU.https://t.co/KgTRtRkGhL pic.twitter.com/FXGEnJ4p46
— Embajada de China en España (@ChinaEmbEsp) April 30, 2025
