Las guerras híbridas se desarrollan en entornos más complejos particularmente cuando hablamos del ciberespacio. A diferencia de la logística de las guerras convencionales, la guerra cibernética, y en particular la desinformación, no está limitada por accidentes geográficos o fronteras. Por ello, es fundamental comprender y tomar precauciones, ya que estos elementos desestabilizadores operan en nuestras sociedades bajo la apariencia de ser inofensivos y propios de la libertad de expresión. Esto hace especialmente relevante la investigación sobre las campañas de desinformación, que emplean estrategias como el uso de bots para difundir contenido malicioso en redes sociales y de inteligencia artificial (IA) para generar dicho contenido. Cuando hablamos de operaciones concretas de “aceleración” en la difusión de contenidos según determinados intereses, estamos ante una práctica que va más allá de la libertad de prensa o de los principios democráticos.
Estas acciones no suelen percibirse como agresiones externas, pero se articulan de formas muy diversas. A menudo, cuentan con la complicidad de aliados ideológicos, incluidos algunos activistas, periodistas o políticos. Así, la desinformación, entendida como una herramienta de poder para influir o polarizar, incorpora un conjunto heterogéneo de elementos que dificultan, en muchos casos, la comprensión de los mecanismos concretos por los que opera. En todo caso, el gobierno ruso lleva años, incluso desde los eventos del “Procés,” implementando estrategias de guerra informativa para desestabilizar y manipular la opinión pública de una forma más o menos evidente. Estas acciones han operado en todo el espectro lingüístico español, con un objetivo más amplio de socavar la posición de España como socio histórico de los países latinoamericanos, afectando el ámbito económico, político y cultural, y también de desestabilizar un Estado miembro clave de la UE.
El canal Marian Py resulta sumamente llamativo no solo por su perfil, en el que destacan las banderas rusa y china y la declaración “me gustan las consecuencias porque son el fruto de haberlo intentado,” sino también por su fondo de perfil con una frase en catalán: “Que només els petons ens tapin la boca” (“Que solo los besos nos tapen la boca”). Creado en 2013, este canal se activa repentinamente con una actividad abrumadora poco después del 1 de octubre de 2017, coincidiendo con el periodo más convulso del proceso independentista catalán. Desde entonces, esta cuenta ha publicado una media de 135 tuits diarios de forma ininterrumpida, con picos que superan los 300 tuits diarios y sin pausas en horas de descanso, generando millones de reacciones e impresiones cada semana y acumulando miles de retweets, con un público distribuido por todo el espectro lingüístico español. Entre sus seguidores se encuentran personas de España, Colombia, Venezuela, Cuba, Argentina, Ecuador, Chile, México e incluso Estados Unidos, donde también se observan activistas independentistas.


Para mantener el flujo de publicaciones, este usuario de ‘X’ emplea diferentes fuentes, entre las que se incluyen conocidos canales de contenido prorruso como Irinamar_Z, vinculado al aparato de desinformación del Kremlin, El OJOen, Ucraniando (en Telegram) y el canal @guerrasygeo (entre otros). Especialmente llamativo es el uso sistemático de contenido del medio Head-Post. Este medio afirma tener su sede en Londres y cuenta con versiones en inglés y español, lo que le permite operar en un ámbito lingüístico amplio y distribuir contenido sobre política internacional y geopolítica. Sin embargo, es curioso que los editores sean tres perfiles creados con IA, cuyos nombres no aparecen en ningún espacio de la red, sugiriendo que podrían ser ficticios. Bajo esta apariencia de legitimidad, este medio podría actuar como una puerta de entrada para contenido malicioso en momentos estratégicos.
El discurso de Marian (@marianpy1) se adapta a los temas en auge en la sociedad, destacando en particular su cobertura del conflicto en Ucrania y la difusión de desinformación. Su propósito principal parece ser la promoción de contenido antioccidental, con un énfasis en los discursos oficiales de Rusia y China, así como de ciertos países latinoamericanos alineados con posturas ‘bolivarianas’ o antioccidentales. Entre los temas recurrentes están la narrativa de la “unidad imperial china” respecto a Taiwán, las acusaciones de “nazismo” en las autoridades ucranianas y las interpretaciones del pasado colonial español, como en los discursos de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) o de la presidenta Claudia Sheinbaum. Además, el canal reproduce contenido malintencionado, exagerado o abiertamente falso, con el objetivo de generar controversia y fomentar visiones sesgadas. Un ejemplo es la afirmación sobre la supuesta destrucción de cinco aviones F-16 y la muerte de un soldado de la Fuerza Aérea de los EE. UU.

Este canal despertó durante el conflicto del “Procés” con la intención de radicalizar posturas en el contexto catalán. Dada la elevada actividad y la falta de pausas para descansar, su funcionamiento podría responder a al menos tres hipótesis: en primer lugar, podría tratarse de una persona con una motivación personal inusual y un nivel de dedicación y constancia excepcionales, programando el contenido. En segundo lugar, es posible que detrás de la cuenta opere un equipo, lo cual implicaría una estrategia de influencia organizada, de carácter grupal y con un nivel de coordinación que podría contar con financiación externa. Por último, cabe la posibilidad de que la cuenta esté gestionada por un bot, lo que indicaría el uso de tácticas de injerencia automatizadas, propias de una intervención estructurada en el ciberespacio.
El pseudónimo MarianPy se encuentra en una cuenta de Instagram y Pinterest, lo que sugiere que se trata de la misma persona (las fotos así lo demuestran). Al analizar sus seguidores (que son pocos), parece una cuenta falsa diseñada para dotar a @MarianPy1 de una red de apoyo que justifique su aparente autenticidad.
En definitiva, el caso de @MarianPy1 podría ejemplificar perfectamente cómo operan las estrategias de desinformación en el marco de las guerras híbridas, en las que el ciberespacio se convierte en un campo de batalla en el que se libra una guerra de narrativas y percepciones. Este perfil no solo difunde una narrativa prorrusa y antioccidental, sino que lo hace de manera intensa y constante, aprovechando la facilidad que ofrecen las redes sociales para difundir contenido malicioso de forma masiva y continua. Las características de esta cuenta sugieren la posibilidad de una operación organizada que, ya sea a través de una persona, un equipo o bots automatizados, busca manipular la percepción pública, polarizar las opiniones y generar confusión en temas sensibles.
Este ejemplo ilustra claramente cómo los canales de desinformación se adaptan a las tendencias sociales y políticas, seleccionando temas que resuenan en determinados sectores para incrementar su alcance e influencia. La presencia de fuentes de dudosa legitimidad y de perfiles ficticios creados con IA pone de manifiesto la sofisticación y el alcance de las tácticas de injerencia actuales, que utilizan múltiples capas de autenticidad aparente para sembrar discordia. En un contexto de creciente desconfianza hacia las instituciones y de polarización social, es imperativo que los actores sociales, políticos y tecnológicos colaboren para desmantelar y contrarrestar estos mecanismos de guerra informativa que amenazan con desestabilizar las sociedades democráticas y erosionar la confianza pública en la información.
